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ÁLVARO GARCÍA (POETA)."ABRE ESPACIO ENTRE EL SENTIR Y EL NOMBRAR"
Álvaro García (poeta)
Álvaro García (Málaga, 1965) es un poeta y traductor español.
García escribe, según Álvaro Pombo, una poesía “profundamente lúcida”1 y ha sido calificado abiertamente como “una de las mentes jóvenes más lúcidas de la literatura española”.2 Amante de la poesía inglesa, destaca también como traductor —Philip Larkin, W. H. Auden, Margaret Atwood, Kenneth White— y ha incursionado asimismo en el ensayo (en Poesía sin estatua expone el paso de la experiencia vital a la poemática).
Intemperie supone, según Víctor García de la Concha, “un ejercicio de ascesis indispensable para trascender la máscara engañosa de las cosas”;3 fue destacado por la revista El Cultural como uno de “los libros más significativos publicados en estos 30 años”.4 y situó a Álvaro García “a la cabeza de los poetas más jóvenes de su generación”5
Para lo que no existe es una recreación de la distancia entre la existencia y su reverso. Los poemas de este libro que estuvo en el quinteto finalista del Premio Nacional6 configuran “un nuevo espacio de meditación sobre los límites de la vida, [con] un sustrato sutilmente crítico hacia los valores dominantes”. “Para lo que no existe es, en el fondo, un intento de superar la incapacidad del hombre para encontrar sentido a su lugar en la tierra”.7
En El río de agua, nuevo poema-libro, “como esa música es memoria, que es ritmo, que es tiempo, concluye el poeta enlazando su muy metapoética meditación sobre el devenir con una indagación sobre nosotros mismos. No simplifica; pues lejos de ser lineal, el tiempo tiene meandros, corrientes secretas, permanencias y confluencias [...]. Finalmente, bajo el agua, que también es algo amniótico, hay un atisbo de eternidad, en el fondo del tiempo”.10
La poesía —dice García en su ensayo Poesía sin estatua— no tiene que contar la vida, sino tener en cuenta lo vivido, “llevar tanto la vida como el lenguaje normales a una precisión poética que de algún modo se adelante a la muerte sin sobrepasarla con un especie de monumento vivencial o verbal. La técnica, ceremonia sin la cual no hay arte, otorga a la vez eficacia, respiración y distancia. Abre espacio entre el sentir y el nombrar”.11
Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías como La generación de los 80, Fin de siglo, 10 menos 30, La nueva poesía, La lógica de Orfeo, Poesía española reciente (1980-1990), La inteligencia y el hacha o Las moradas del verbo.
Con Canción en blanco, Álvaro García ha obtenido en 2011 el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe. La obra premiada es un nuevo poema-libro, con el que se cierra lo que el autor ha llamado tríptico de la reconstrucción poética. Según la crítica Ainhoa Sáenz de Zaitegui este poema “tiene algo de adictivo. [...] Está escrita en español, pero en el de Borges, no en el de Unamuno. Pertenece a Europa, a Occidente, al mundo que ama la literatura. Revienta fronteras como revienta corazones. Álvaro García maneja la alquimia del instinto humano hasta volverlo animal, que es lo mejor que puede ser el instinto [...] El continuum poeticum de Álvaro nos levanta del suelo, nos lleva a sitios. A nosotros mismos, a lo que hay de universal y eterno en lo que somos”.12 Según el crítico Luis García Jambrina, este libro supone “la culminación de un ciclo ambicioso y una trayectoria exigente; la consagración de uno de los poetas más destacados de su generación. Una poesía, a la vez, densa y transparente, misteriosa y reveladora”.13
El siguiente libro, Caída, constituye “un solo poema que es una de las experiencias más atrevidas y subrayables de la poesía española última”8 partiendo de una ruptura amorosa con la posterior mudanza, hecho que se abstrae para significar la mudanza de todos los significados, la caída en la conciencia del tiempo y en el simple estar. Aunque dividido en seis cantos, se trata de un poema único de 309 versos, que surgió de una situación emocional muy dolorosa, según el propio autor confesó: la separación de su mujer cuando el amor era aún muy intenso. Su escritura se convirtió en una especie de terapia de tres meses, de la que salió, afirma, mejor de lo que entró. “Este poema es un triunfo del arte sobre la ciencia; me ayudó a lograr lo que varios psicólogos de pareja no pudieron. Seguí la receta de los antiguos griegos, cuando los médicos aconsejaban escribir poemas para salvarse”. La crítica consideró este poema “un destello minucioso que viene desde los límites de una vida. Todo el poema parece esculpido en el aire, lo mismo que una melodía”.9
FUENTE: http://es.wikipedia.org
POEMAS DE ÁLVARO GARCÍA:
FUENTE: http://zonaliteratura.com
Regreso
Tocar un cuarzo ahumado, vítreo y negro,
como quien busca en su naturaleza indiferente
la reconciliación entre hombre y mundo.
Aprendemos a ser lo que ya somos,
y este trozo de piedra es un regreso.
La piedra, en su secreto, es armonía,
memoria silenciosa del planeta,
regalo de una luz que se ha hecho sólida.
Cuánta vida en lo inerte de este cuarzo
que es cristalización de los milenios.
El tacto es humildad.
Los dedos no conocen: reconocen;
comprueban un origen, se aseguran
de ser tan realidad como la roca.
Cuando los dedos rozan los sillares
en una catedral de umbría y siglos,
rozas casi al descuido los orígenes,
comulgas más que otros que comulgan.
Aquel niño buscaba con su cara
el frío intemporal del mármol frío.
Pegada su mejilla a la columna,
parecía escuchar en la pared
no el rumor que hay tras ella, sino a ella.
Sobre la mesa, el cuarzo, luz oscura,
su noticia que llega con retraso.
¿Cuántos siglos tendrá, tan silencioso,
tan delante de mí, tan en sí mismo?
Aprendo a ser lo que de hecho soy,
fugaz parte del mundo,
viendo el cuarzo.
Esta piedra secreta, antigua y súbita,
este trozo de mundo en la mañana.
Abril
Abril, la ceremonia de las hojas
que sólo puede hablarse con la canción en blanco,
la consecuencia de lo inconsecuente
a trozos que se unen al decirlos
lo mismo que las rayas del paseo
se vuelven línea entera en la velocidad.
Las cosas son seguidas sólo en función del tiempo.
Nada enlaza al instante con su aroma.
El día por ejemplo, el día es qué,
pero de pronto es un azul tranquilo
para decirnos el secreto breve
de ser gente que vive y hace planes,
que plancha el día en la camisa húmeda
y pulveriza el agua contra el rostro.
Mañana no estaré ya en este día
que el aire desmenuza en los tejados
tendidos al poniente
y al cabeceo largo de las olas
en las que suena el respirar del mundo
igual que nadie
habrá vivido un día exacto al anterior.
Abril que nos descansa de haber gastado el tiempo.
Mañana no seremos ya los mismos,
mañana no será esto lo que mire,
aire blando de abril para silbarlo,
para decir el día con palabras
y que sean felices de ser respiración de la memoria
y por debajo de los hechos nítidos,
entregados al fuego de la continuidad y de lo útil,
esa precisa combustión de nada
en busca siempre de algo que se quema también para ser algo,
como el tiempo, tú y yo,
lo que arde exacto en fuegos inexactos,
saber y no saber y ver las olas.
Las puertas
Me vence la manera
que dos misterios tienen de mostrarse
mutuamente, sin descubrirse,
como se miran entre sí las cosas
cerradas, las dos puertas
que en un pasillo enfrenta el arquitecto:
una tensión con límite en lo blanco
y es la orilla entre dos aconteceres.
La noche y estás tú
tras tu silencio y en tus ojos
como se está en los hechos,
presencia pura: el pasado
nos labra frente al otro sin querer,
y decir un pasado es excesivo.
Demasiada conciencia se acumula,
nos desborda, no somos con justeza.
Se llena de exterior un interior.
La penumbra de anhelo del que quiere.
Vamos
Bueno, en el fondo sí
me gusta la poesía:
están las horas llenas de sí mismas
y son para los dos
y llorar de alegría es no llorar
y está todo el camino.
Ebrios de luz
se apoyan en el otro
porque no saben que tampoco puede,
sólo que sí que pueden porque van,
ya ves cómo sí vamos y nunca vi tan dentro
lo que se llama amor
que tengas buenos días a mi lado
El amanecer
Dormida,
en tu cansancio sólo hay cuerpo,
la materialidad del día grávido.
Soy yo quien imagina alma en tu alma,
la invento con mirar,
rozo tu sueño y eres toda
la que ni tú ni yo sabemos que eres.
Amanece lo exacto sin nosotros,
que nos quedamos fuera de su peso,
temblor de sol en la ventana.
Esta penumbra nos inhibe
de brusca realidad,
aunque amanezca.
Alma es dejar de ser
en algo
y amanece.
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